El pasado 18 de marzo de 2026, los salones del Castillo de Windsor recuperaron su máxima solemnidad para recibir al presidente de Nigeria. Más allá de los acuerdos diplomáticos, la velada destacó por ser una de las exhibiciones de joyería histórica más fascinantes de los últimos años. Las damas de la familia real británica recurrieron a piezas con profundos vínculos biográficos y geográficos, convirtiendo la cena de gala en un tributo al patrimonio de la Corona.
Ejerciendo su papel de anfitriona con una distinción impecable, la reina Camila lució un sofisticado vestido de noche en tono crema con delicados bordados artesanales, una creación de la diseñadora Fiona Clare. No obstante, el verdadero foco de atención fue la legendaria Tiara de Zafiros Belga, una pieza de origen decimonónico que perteneció inicialmente a la princesa Luisa María de Bélgica. Para realzar el conjunto, la soberana optó por una combinación de hondo significado histórico y sentimental al lucir los pendientes de zafiros y diamantes de Jorge VI, el emblemático obsequio de bodas que el monarca entregó a su hija, la entonces princesa Isabel, en 1947. A esta herencia real sumó un toque personal y privado al portar el collar de diamantes en forma de serpiente que perteneció a su propia abuela, Sonia Keppel, equilibrando la pompa oficial con su propio legado familiar. Además de estas joyas, Camila lució con solemnidad la banda azul y la estrella de la Orden de la Jarretera, junto con la recientemente instituida Orden Familiar del Rey Carlos III.
Kate Middleton, Princesa de Gales, volvió a demostrar su maestría en el "vestir diplomático". Lució un diseño de gasa de seda en un vibrante verde esmeralda de Andrew Gn, una elección interpretada como un homenaje a los colores de la bandera de Nigeria. En cuanto a las joyas, la Princesa eligió su pieza predilecta: la Tiara Lover's Knot (Nudo de los Amantes). Esta diadema de perlas y diamantes, encargada por la Reina María a la casa Garrard en 1913, es mundialmente famosa por haber sido la favorita de Diana, Princesa de Gales. Catalina lució también la Orden Real de la Familia de Carlos III y las insignias de la Gran Cruz de la Real Orden Victoriana.
Fiel a sus ideales de consumo responsable, la Princesa Real reafirmó su estatus como la "reina del reciclaje real" al lucir un abrigo largo color marfil con delicados calados. Para coronar su estilismo, eligió la Tiara Meander (o Tiara de Greca), una joya cargada de historia que perteneció a su abuela, la Princesa Andrés de Grecia, madre del Príncipe Felipe. Se trata de una pieza de estilo neoclásico que, a través de su diseño, simboliza el profundo vínculo de la familia real con sus raíces helénicas.
Birgitte, duquesa de Gloucester, aportó la nota clásica de la noche con la Tiara Iveagh. Esta impresionante pieza de diamantes de estilo kokoshnik destaca por sus volutas florales. Su historia se remonta a 1893, cuando fue un regalo de bodas para la Reina María, pasando posteriormente a la princesa Alicia, suegra de la actual duquesa.
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