¿Cuál será el destino de Mette-Marit tras los múltiples escándalo?

La monarquía noruega atraviesa una de sus crisis más profundas y personales, con la princesa heredera Mette-Marit en el epicentro de un huracán que mezcla un pasado turbulento, amistades peligrosas y la conducta errática de su primogénito. Lo que comenzó como un cuento de hadas moderno y rompedor, hoy se enfrenta a una pregunta que resuena con fuerza en los pasillos del Palacio Real de Oslo y en las redacciones de los principales diarios: ¿está en juego su futuro como reina?

Mette-Marit Tjessem Høiby nació en 1973 en Kristiansand, en el seno de una familia común y corriente. Su vida estuvo lejos de la rigidez nobiliaria; tras el divorcio de sus padres a los 11 años, creció en el sur de Noruega, donde años más tarde viviría una juventud que la prensa no tardaría en calificar de "rebelde". Antes de conocer al príncipe Haakon Magnus en el Festival Quart de finales de los noventa, Mette-Marit ya era madre soltera de Marius Borg, fruto de una relación con Morten Borg, quien había cumplido condena por tráfico de drogas. Su llegada a la familia real fue recibida con escepticismo y temor por parte de la seguridad nacional y la opinión pública. No obstante, en un acto de honestidad sin precedentes, tres días antes de su boda reconoció en televisión nacional sus "errores del pasado", logrando así un perdón ciudadano que la acompañó durante casi dos décadas. Sin embargo, los fantasmas del pasado han sido reemplazados por sombras más recientes y complejas. Documentos desclasificados han revelado una conexión incómoda entre la princesa y el fallecido magnate Jeffrey Epstein. Según estas informaciones, la amistad se habría gestado tras el Foro de Davos en 2011. Las comunicaciones desveladas describen a la princesa ante Epstein como alguien que "no es la típica royal" y la califican de "retorcida". Ante la gravedad de los hechos, Mette-Marit rompió el silencio con una declaración de arrepentimiento: "Me avergüenzo de no haber investigado mejor el trasfondo de Epstein. Debo asumir mi responsabilidad". A pesar de sus disculpas, la mancha reputacional ha quedado grabada en la memoria colectiva del país.

El golpe definitivo a su imagen pública llegó de la mano de su hijo mayor, Marius Borg. Las recientes investigaciones judiciales sobre el joven han puesto a la princesa en una posición insostenible. Se la señala no solo por la conducta de su hijo, sino por una posible interferencia en las investigaciones y por permitir que Marius continuara utilizando privilegios y bienes de la Casa Real mientras ya estaba bajo la lupa de la justicia. La percepción ciudadana es que Mette-Marit ha antepuesto sus sentimientos maternales a su deber como alta representante de la Corona. Mientras el príncipe Haakon intenta ejercer de "cortafuegos" declarando que su hijastro "no forma parte de la Casa Real y es libre de sus actos", la presión sobre su esposa no cesa. El diario Aftenposten, uno de los más influyentes de Noruega, ha planteado abiertamente la duda que carcome a la institución: "¿Podrá Mette-Marit convertirse en reina después de esto?". El apoyo popular, que una vez fue el escudo de la princesa, ha caído en picado. El gabinete de crisis del Palacio de Oslo se encuentra desbordado ante un juicio inminente que atraerá a cientos de periodistas internacionales. El destino de Mette-Marit parece pender de un hilo; su capacidad para recuperar la confianza del pueblo noruego determinará si aquella joven de Kristiansand que desafió a la tradición podrá, finalmente, ceñirse la corona o si los escándalos terminarán por apartarla del trono antes de llegar a él.




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