María Teresa de Braganza: Belleza, deber y sacrificio.

María Teresa de Braganza también conocida como Infanta María Teresa de Portugal (Maria Teresa da Imaculada Conceição Fernanda Eulália Leopoldina Adelaide Isabel Carolina Micaela Rafaela Gabriela Francisca de Assis de Paula Gonzaga Inês Sofia Bartolomeu dos Anjos) nació el 24 de agosto de 1855 en Kleinheubach en el Reino de Baviera, fue la tercera descendiente de Adelaida de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg y Miguel I de Portugal Su vida transcurrió en el Castillo de  Löwenstein, situado en la Baja Franconia. Tras el fallecimiento de su padre en 1866, la vida de la infanta estuvo marcada por una entrega absoluta hacia su núcleo familiar, donde asumió un rol fundamental en el sostenimiento del hogar, brindando apoyo constante a su madre y responsabilizándose personalmente tanto de la educación de sus hermanos como del cuidado de las tareas domésticas. A los 17 años de edad, Contrajo matrimonio con el archiduque Carlos Luis de Austria, un hombre que le doblaba la edad y que ya cargaba con el luto de dos viudeces previas.   La ceremonia se llevó a cabo  el 23 de julio de 1873 en Kleinheubach. Se cuenta que su matrimonio no logró ser feliz a causa de la la actitud intimidadora de su esposo, pero a pesar de esto, la pareja concibió dos hijas, María Anunciada, nacida en 1876 y en 1878 nació  Isabel Amalia.


Al integrarse a la familia imperial, María Teresa no solo asumió su nuevo estatus, sino que se convirtió de inmediato en la figura materna de los cuatro hijos que Carlos Luis había tenido en sus matrimonios anteriores: Francisco Fernando, Otto, Fernando Carlos y Margarita Sofía. Para navegar las complejidades de la rígida etiqueta vienesa, la joven archiduquesa designó como su Gran Señora de la Corte a la condesa Elisabeth von Schönfeld, quien se convertiría en su colaboradora más cercana y confidente durante casi tres décadas de servicio ininterrumpido. Tras el fallecimiento de su padre en 1866, la vida de la infanta en el castillo de Löwenstein, situado en la Baja Franconia, estuvo marcada por una entrega absoluta hacia su núcleo familiar, donde asumió un papel fundamental en el sostenimiento del hogar, brindando apoyo constante a su madre y responsabilizándose personalmente tanto de la educación de sus hermanos como del cuidado de las tareas domésticas. Esta etapa de su vida culminó cuando contrajo matrimonio a la temprana edad de diecisiete años con el archiduque Carlos Luis de Austria, quien era hermano menor del Emperador Francisco José I. La boda se celebró en el Castillo de Kleinheubach, el 23 de julio de 1873.

El archiduque Carlos le doblaba la edad y ya había enviudado en dos ocasiones previas. Mientras tanto, María teresa, Al integrarse a la familia imperial, M no solo asumió su nuevo estatus, sino que se convirtió de inmediato en la figura materna de los cuatro hijos que Carlos Luis había tenido en sus matrimonios anteriores: Francisco Fernando, Otto, Fernando Carlos y Margarita Sofía. Para navegar las complejidades de la rígida etiqueta vienesa, la joven archiduquesa designó como su Gran Señora de la Corte a la condesa Elisabeth von Schönfeld, quien se convertiría en su colaboradora más cercana y confidente durante casi tres décadas de servicio ininterrumpido. Se cuenta que el matrimonio no logró ser feliz a causa de la personalidad intimidadora de parte de su esposo hacia ella. Pero a pesar de esto, la pareja logró procrear dos hijas, María anunciada, quien nació en Julio 1873, y la archiduquesa María Isabel de Austria, nacida en julio de 1878. Aunque La archiduquesa era admirada por su gran belleza, María Teresa proyectaba una melancolía profunda, fruto en gran medida del temperamento difícil y los celos obsesivos de su esposo. Pese a este entorno doméstico hostil, se convirtió en el pilar emocional de sus hijastros, forjando un vínculo inquebrantable con el reservado archiduque Francisco Fernando. Su lealtad hacia él fue tal que, durante la década de 1890, actuó como su principal defensora ante el emperador Francisco José, presionando con determinación para que se autorizara su polémico matrimonio con Sofía Chotek. De su propia unión con Carlos Luis nacieron dos hijas, entre ellas Isabel Amalia, cuya descendencia vincularía a María Teresa con la Casa de Liechtenstein como abuela del príncipe Francisco José II.

Su relevancia política creció tras la trágica muerte del príncipe heredero Rodolfo en 1889. Debido a las constantes ausencias de la emperatriz Isabel, María Teresa asumió el rol de Primera Dama del Imperio, una posición que mantuvo incluso tras enviudar en 1896. Al ser la esposa del heredero al trono y, posteriormente, la madrastra del nuevo sucesor, su figura fue central en la vida institucional de Viena. Tal era el respeto que inspiraba que, tras el asesinato de la emperatriz en 1898, su nombre figuró entre las candidatas más sólidas para convertirse en la nueva esposa del emperador Francisco José, buscando dar estabilidad a una corona asediada por la tragedia. Además de sus responsabilidades palaciegas, María Teresa a lo largo del tiempo también desarrolló una vocación más humanitaria como enfermera colaborando dentro del Hospital General de Viena, para fortalecer el apoyo a la Cruz Roja. Durante la Primera Guerra Mundial, compaginó su labor asistencial en el frente con su pasión por la fotografía aficionada, capturando una visión única y personal del conflicto mientras trabajaba activamente como enfermera de guerra. Tras el colapso de la monarquía en 1918, demostró una lealtad inquebrantable al seguir a la pareja imperial, Carlos y Zita, a su exilio en la isla de Madeira. No obstante, sus años finales transcurrieron de vuelta en suelo austriaco. Vivió un retiro de profunda serenidad y aislamiento en su finca de Hall, cerca de Admont, acompañada por su hija soltera, la archiduquesa Maria Annunziata. María Teresa falleció en Viena el 12 de febrero de 1944, a la edad de 88 años, siendo finalmente sepultada en la Cripta Imperial, el lugar destinado a los más altos rangos de la dinastía a la que dedicó su vida.



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