María Anunciada de Austria: Archiduquesa con anhelo a una vida monacal

María Anunciada de Austria nació el 31 de julio de 1873 en Reichenau an der Rax  durante el imperio AustrohúngaroHija del archiduque Carlos Luis de Austria y de la infanta portuguesa María Teresa de Braganza, María Anunciada heredó la belleza y el brillo intelectual de su madre. Su linaje la situaba en el epicentro del poder europeo, siendo nieta del rey Miguel I de Portugal y hermana de figuras históricas como el malogrado Francisco Fernando. Sin embargo, su camino no estaría marcado por un trono compartido, sino por un desengaño amoroso que transformaría su destino para siempre.  Bajo el amparo de su madrina, su abuela Adelaida de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg, fue bautizada por el príncipe-arzobispo de Viena pocos días después de su nacimiento. 

Su trayectoria pública dio un paso decisivo en 1894, año en el que su tío, Francisco José I, la nombró abadesa de la Institución de Damas Nobles del Castillo de Praga. Al frente de esta corporación de alto rango, María Anunciada asumió una dignidad que solo era compatible con la soltería; según los estatutos de la institución, cualquier intención de contraer nupcias implicaba la renuncia inmediata a la jefatura de la orden. En 1902, el destino de la archiduquesa parecía dirigirse hacia un matrimonio de ensueño. Durante una estancia en Baviera, conoció al duque Sigfrido Augusto, un hombre considerado el príncipe más apuesto de su casa y un jinete de renombre. La pareja, descrita por sus contemporáneos como "hermosa y brillante", anunció su compromiso con la bendición de ambas familias. No obstante, la felicidad apenas duró dos meses. En agosto de ese mismo año, María Anunciada rompió el compromiso de forma fulminante tras descubrir los "tormentosos antecedentes" de su prometido, una serie de problemas mentales y crisis de temperamento que le habían sido ocultados. La ruptura fue un acto de integridad por parte de la archiduquesa, quien, profundamente afectada por el amor que aún sentía, solicitó al Emperador permiso para retirarse del mundo y profesar como monja benedictina. 

Mientras ella buscaba el consuelo de los votos, el duque Sigfrido se sumió en una melancolía que degeneró rápidamente en una locura irreversible, obligando a su confinamiento de por vida. El emperador Francisco José I, siempre pragmático y celoso del prestigio de su estirpe, se negó a que su sobrina desapareciera tras los muros de un convento de clausura. En su lugar, le indicó que debía conformarse con su cargo como Princesa Abadesa de la Institución de Damas Nobles del Castillo de Praga. Este no era un cargo eclesiástico ordinario; se trataba de una dignidad semieclesiástica de altísimo prestigio que otorgaba a María Anunciada prerrogativas casi episcopales, convirtiéndola en la única mujer con el derecho de cumplir funciones reservadas a los obispos. Como Señora Abadesa de Hradschin, María Anunciada poseía el derecho exclusivo de coronar a la Reina de Bohemia cuando el Cardenal Arzobispo coronaba al Rey. Entre las insignias de su rango destacaban la mitra y el báculo episcopal, además de un anillo que las damas de su orden debían besar en señal de respeto. Aunque la orden no exigía votos de celibato perpetuo y permitía a sus miembros casarse y abandonar la institución, María Anunciada se tomó sus deberes religiosos con una devoción sin precedentes, renunciando definitivamente a cualquier otra perspectiva de matrimonio para dedicarse a la guía espiritual y material de las damas nobles empobrecidas. 

La caída del Imperio austrohúngaro en 1918 marcó el fin de la era de esplendor en Praga. Tras la abdicación de su sobrino, el emperador Carlos I, María Anunciada abandonó sus funciones oficiales y buscó refugio en el Principado de Liechtenstein. Allí se reunió con su hermana, Isabel Amalia, casada con el príncipe Luis de Liechtenstein, con quien compartió una casa propia y mantuvo una vida de discreta piedad. A pesar del colapso de la monarquía, la archiduquesa nunca se desvinculó de sus raíces. Acudía con regularidad a las reuniones familiares de los Habsburgo, actuando como un puente entre el antiguo régimen y el nuevo mundo que nacía tras la Gran Guerra. María Anunciada pasó sus últimos años en Vaduz, manteniendo la misma serenidad que la llevó a cambiar el velo de novia por la mitra de abadesa. Finalmente, la Archiduquesa María Anunciada Falleció el 8 de abril de 1961 a los 84 años. Sus cuerpo fue enterrado con los honores debidos a su rango en la Catedral de San Florín. 


Comentarios

Artículo Anterior Artículo Siguiente