El 29 de junio de 1974, el pequeño municipio de Reux, en Calvados (Francia), se convirtió en el epicentro de la alta sociedad europea. No era para menos: se celebraba el enlace entre el barón David de Rothschild y la princesa italiana, una unión que no solo simbolizaba un compromiso romántico, sino la fusión de dos de los linajes más influyentes y antiguos del continente. Se trata de los Rothschild, familia poseedora de todo un imperio bancario, y por otra parte los Aldobrandini, una dinastía con estrecha relación con la nobleza negra. La campiña francesa, con su luz de principios de verano, fue el perfecto marco para este histórico evento donde dos miembros de dos grandes dinastía unían su vida en sagrado matrimonio. La familia Rothschild, conocida mundialmente por su imperio bancario y su mecenazgo en las artes, sin una previa ceremonia eligió su propiedad en Reux para recibir a la aristocracia internacional.
La boda destacó por una elegancia atemporal y discreta, lejos de la ostentación vacía, centrándose en el peso histórico de los apellidos presentes. Uno de los detalles más recordados de la jornada fue la elección estilística de la princesa Olimpia. Para su gran día, confió en el genio de la costura Yves Saint Laurent. El diseñador francés, que en los años 70 se encontraba en la cúspide de su creatividad, creó para ella un vestido que capturaba a la perfección la esencia de la nobleza italiana y el "chic" parisino. El diseño se convirtió de inmediato en una referencia de la moda nupcial de la época, equilibrando la tradición de una princesa con la modernidad de la década. La celebración dejó para el recuerdo imágenes que hoy son verdaderos documentos históricos de la socialité. En los jardines de Reux, se pudo ver la convivencia de las distintas ramas y generaciones de la familia. Debido a la estricta discreción que siempre ha caracterizado a ambas dinastías, la lista completa de invitados nunca se hizo pública. No obstante, las escasas fotografías que han trascendido permiten identificar a figuras clave de la aristocracia. Entre los asistentes más destacados se encontraba Marie-Hélène de Rothschild, figura central de la vida social francesa y gran anfitriona del evento.
También estuvo presente el barón Guy de Rothschild, padre del novio, quien hizo gala de una sofisticada cordialidad al asistir junto a su primera esposa, Alix Schey de Koromla. Por parte de la novia, los Príncipes Aldobrandini, representantes de la histórica nobleza negra romana, completaron el círculo de esta exclusiva alianza dinástica. Tras el enlace civil al mediodía en el Ayuntamiento, la celebración se trasladó al Castillo de Reux. En esta joya arquitectónica del siglo XV, propiedad de la baronesa Alix Schey de Koromla, se sirvió primero un almuerzo privado para los allegados, sirviendo como preludio a una recepción de gala mucho más numerosa que tuvo lugar en el mismo castillo al caer la tarde. A diferencia de otros matrimonios de la época que fueron efímeros, la unión entre David y Olimpia se consolidó como una de las más estables de la familia Rothschild. Juntos han mantenido el legado de la banca y el coleccionismo de arte, viviendo principalmente en Francia y continuando con la tradición de discreción y poder que define a su apellido.
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