María Teresa Ana de Austria-Teschen (Marie Theresia Anna von Österreich) nació el 15 de julio de 1845 en el Palacio Albertina de Viena, durante el imperio Austriaco. Fue la hija Primogénita del archiduque Alberto de Austria-Teschen y de la princesa Hildegarda de Baviera. Su bautizo se llevó a cabo apenas un día después de haber nacido, donde recibió su último nombre en honor a su madrina, la emperatriz María Ana de Saboya. Creció junto con su hermana Matilde y su hermano Carlos en un entorno de mucha opulencia gracias a la vasta fortuna de su padre. Durante los veranos la familia residía en el castillo de Weilburg, una residencia que había sido construida por encargo de su abuelo, el archiduque Carlos, como obsequio para su esposa, la archiduquesa Enriqueta. Los inviernos se trasladaba al palacio conocido como la Albertina, propiedad de su padre en la ciudad Viena. En junio de 1862, el rey Luis I de Portugal, con la intención de asegurar un heredero tras su reciente ascenso al trono, por recomendación de la Reina Victoria, y de su tío abuelo, el rey Leopoldo I de Bélgica, solicitó formalmente la mano de María Teresa, que en ese entonces contaba con 17 años de edad. Sin embargo, su padre, quien siempre se preocupaba por el bienestar de sus hijos, sin dudarlo rechazó la propuesta, argumentando que su hija todavía era demasiado joven y aún debía completar su educación.
Tras esta negativa, Luis I se vio obligado a buscar otra opción y terminó por comprometerse con la princesa italiana María Pía de Saboya, quien contaba con apenas 15 años de edad. En la primavera de 1864, la joven archiduquesa sufrió un duro golpe con el fallecimiento de su madre. La tragedia comenzó en marzo de ese año, cuando su madre viajó a Múnich para asistir al funeral de su hermano, el rey Maximiliano II de Baviera. Durante su estancia, la archiduquesa Hildegarda contrajo una grave inflamación pulmonar que se le había complicado con pleuresía, y a pesar de lograr regresar a Viena, su salud estaba irremediablemente dañada, y por ende, falleció en menos de un mes desde el inicio de su enfermedad, dejando a toda la familia sumidos en un profundo luto. Al año siguiente, cuando la joven María Teresa tenía casi 20 años de edad, contrajo matrimonio con el duque Felipe de Wurtemberg. La boda se celebró el 18 de enero de 1865 en la capilla de San José del Hofburg, y para aliviar la soledad de su padre tras la reciente perdida de su madre, la pareja decidió establecerse en Viena, donde mandaron a construir el Palacio Wurtemberg en la Ringstrasse.
En este lugar vivieron por 6 años hasta que fue vendido a un rico banquero en 1871 a causa de que dicho palacio no era muy del agrado de María Teresa. Cabe resaltar que la actualidad, el palacio se conserva como uno de los hoteles más famosos existentes alrededor del mundo. A lo largo del Matrimonio la pareja tuvo 5 hijos (Alberto, María Amelia, María Isabel, Roberto y Ulrico). El 6 Junio de 1867 un nuevo dolor llegaría a su vida con el fallecimiento de su hermana menor, la archiduquesa Matilde, quien murió dos semanas después de un trágico accidente ocurrido el 22 de mayo de ese mismo año, cuando su vestido se incendió rápidamente al intentar ocultar un cigarrillo tras la presencia de su padre. Tras desprenderse de su gran palacio de Viena el matrimonio adquirió Strudelhof, un nuevo palacio de dimensione más reducidas. A si mismo, buscando un refugio más relajado también ordenaron la construcción de una villa en Altmünster, una propiedad ubicada a orillas del lago Traunsee. Gracias a la convicción católica conservadora de María Teresa,, llevó a su esposo, el duque Felipe a instaurar la rama católica de la Casa de Wurtemberg.
Hacia el cambio de siglo, en torno a 1900, María Teresa y el duque Felipe se trasladaron a Stuttgart, lo que les permitía conservar a la familia más unida, ya que ahora se encontraban viviendo cerca de sus hijos en el Prinzenbau. En 1903, tras el fallecimiento del duque Nicolás de Wurtemberg, la línea sucesoria sufrió un ligero cambio. El esposo de María Teresa se convirtió en el presunto heredero al trono de Wurtemberg. Sin embargo, el duque Felipe, al ser diez año mayor que el mismo Rey, se decidió que el papel de sucesor recayera en su hijo primogénito, el duque Alberto. De este modo, el duque Alberto fue reconocido como el futuro Rey y se desplazó al reino de Wurtemberg para su formación política y militar. Los últimos años de la archiduquesa estuvieron marcados por la agitación de la Gran Guerra y el fin del orden establecido. En octubre de 1917, tras más de medio siglo de matrimonio, enviudó tras la muerte de Felipe a los 79 años. En 1918, apenas unos meses después del fallecimiento de su esposo, el conflicto conocido como la Revolución de Noviembre barrió las instituciones monárquicas, obligando a la familia a llevar una vida más discreta. María Teresa pasó sus últimos diez años de vida en el Castillo de Altshausen, donde finalmente falleció 6 de octubre de 1927, a los 82 años de edad. Su cuerpo fue enterrado en la Cripta familiar de la Iglesia de San Miguel en el Castillo de Altshausen.




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