Margarita Aldobrandini (Margherita Aldobrandini) nació el 29 de marzo de 1588 en Capodimonte. Hija primogénita de Giovanni Francesco Aldobrandini y Olimpia Aldobrandini, su destino quedó sellado en 1592 cuando su tío, Ippolito Aldobrandini, ascendió al trono de San Pedro como el papa Clemente VIII. Este evento transformó a una familia de la nobleza local en una potencia europea. En 1593, por invitación del Pontífice, la familia se instaló en Roma. Bajo el patrocinio de Clemente VIII, el linaje alcanzó un prestigio sin precedentes: su padre fue elevado al rango de príncipe en 1597 y su hermano, Salvestro, fue nombrado cardenal. Con el poder consolidado, el Papa comenzó a gestionar personalmente el futuro de Margarita, buscando alianzas en las casas soberanas más influyentes de la época. Inicialmente, el Papa barajó nombres de la talla de los príncipes de Saboya, los Médici e incluso el rey Enrique IV de Francia. Ante la falta de interés de estos candidatos, la estrategia viró en 1598 hacia una alianza que buscaba pacificar viejas rencillas y asegurar la estabilidad de la península: la unión con Ranuccio I Farnesio, duque de Parma y Piacenza. Este matrimonio no fue un asunto privado, sino una compleja operación de Estado. Tras largas y difíciles negociaciones —que incluyeron una dote colosal financiada por el tesoro de los Estados Pontificios y la mediación de diplomáticos españoles—, el acuerdo se firmó en Roma bajo la supervisión de los cardenales Pietro Aldobrandini y Odoardo Farnesio.
El 7 de mayo de 1600, en una ceremonia marcada por la sobriedad impuesta por el Papa pero de una inmensa carga alegórica, Margarita, de apenas 12 años, contrajo matrimonio con Ranuccio, de 30. Para el duque, la unión representaba una inyección económica vital y la autonomía política de su feudo frente a la Iglesia. A pesar de la juventud de la novia, el acontecimiento caló profundamente en la cultura romana. Se sostiene que este enlace inspiró el célebre ciclo de frescos Los amores de los dioses, la obra maestra de Annibale Carracci en el Palacio Farnese. Tras las festividades, la joven partió hacia Parma escoltada por la nobleza. Tras una estancia estival en el Castillo de Torrechiara, Margarita hizo su entrada solemne en la capital en octubre de 1600, asumiendo su rol como duquesa en un mundo de adultos. La primera década de matrimonio fue un calvario para la joven duquesa. Aquejada de problemas de salud que su familia había ocultado deliberadamente a los Farnesio, enfrentó años de infertilidad, múltiples abortos y la muerte prematura de sus dos primeros hijos varones. Esta situación fue aprovechada por su cuñado, el cardenal Odoardo Farnese, quien esperaba heredar el trono ante la falta de descendencia legítima. La tensión alcanzó su punto máximo en 1605, cuando Ranuccio legitimó a su hijo ilegítimo, Ottavio, para asegurar la sucesión. Desesperado y supersticioso, el duque se convenció de que su matrimonio estaba maldito. Inició una investigación por brujería que terminó con la condena y encarcelamiento de sus antiguas amantes, Claudia Colla y su madre Elena, apodadas «las Romanas». Curiosamente, tras este oscuro episodio y diversas intervenciones médicas, Margarita logró concebir herederos sanos, desplazando finalmente a Ottavio de la línea sucesoria.
Pese a la crueldad de su esposo y la infelicidad de su vida privada, Margarita fue recordada como una mujer de carácter apacible y gran altura moral. Se refugió en la fe y la cultura, convirtiéndose en: Protectora de los necesitados: Dedicó su vida a socorrer a enfermos y pobres. Mecenas de las artes: Patrocinó al poeta Claudio Achillini y apoyó a la orden de los teatinos en Parma. Referente cultural: Fomentó el arte y la poesía en una corte marcada por la rigidez de su marido. Tras la muerte de Ranuccio en 1622 y el posterior fallecimiento del cardenal Odoardo en 1626, Margarita asumió la regencia del ducado. En pleno estallido de la Guerra de los Treinta Años, demostró ser una estadista sagaz, manteniendo la estabilidad y la neutralidad de sus territorios frente a las potencias europeas. En 1628, al alcanzar su hijo Odoardo la mayoría de edad, Margarita renunció a sus funciones. Pasó sus últimos años discretamente en la corte, viendo a su hijo casarse con Margarita de Médici. La duquesa viuda falleció en Parma el 9 de agosto de 1646, a los 58 años. Su muerte marcó el fin de una transición fundamental para los Farnesio; apenas un mes después, su hijo Odoardo también partiría, dejando el legado de una madre que supo transformar un matrimonio prematuro y forzado en una vida de servicio, arte y mando político.


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