Matilde de Austria-Teschen (Mathilde Marie Adelgunde Alexandra von Österreich), nació el 25 de enero de 1849 en Viena, fue la segunda hija del archiduque Alberto de Austria-Teschen y de la princesa Hildegarda Luisa de Baviera. Desde su nacimiento, su vida estuvo marcada por la aristocracia y las expectativas que se depositaban en ella como miembro de una de las familias reales más poderosas y ricas de Europa. Los retratos oficiales de Matilde, la muestran como una joven bella y serena, pero aquellos que la conocieron de cerca también la describían como una mujer vivaz, con un gran sentido del humor y una pasión por la lectura. Se dice que era una ávida lectora y que disfrutaba especialmente de las novelas románticas y las obras de filosofía. Además, de ser una hábil pianista poseedora de una hermosa voz.
El final de Matilde quedaría sellado por un trágico evento. Todo empezó el 22 de mayo de 1867, cuando la archiduquesa se disponía a asistir al teatro. Se cuenta que ese día, la joven había optado por usar un elegante vestido de gasa al que se le había aplicado una solución de glicerina, una sustancia altamente inflamable. Desafortunadamente, a casusa de un descuido con un cigarrillo que intentó esconder tras la presencia de su padre, ocasionó que el vestido se incendiara rápidamente provocando graves heridas por las quemaduras. Finalmente, dos semanas después de aquél desafortunado accidente, la archiduquesa Matilde de Austria falleció el 6 de junio de 1867. Posteriormente, la archiduquesa Matilde fue inhumada en la bóveda imperial de la Cripta Imperial de Viena, compartiendo sepultura con su madre y su hermano, Carlos Alberto. Siguiendo la tradición de los Habsburgo su corazón fue depositado en la Herzgruft de los Agustinos, un lugar sagrado reservado para los miembros de la familia imperial.


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