Las imágenes finales de María Carlota Amelia, más conocida como Carlota de México (1840-1927), ofrecen un testimonio visual sobrecogedor de una de las figuras más trágicas de la historia imperial. En ellas, la que fuera la brillante emperatriz de un México convulso aparece despojada de su antigua gloria, convertida en el espectro de un imperio fugaz que terminó por devorar su lucidez.
Tras el fusilamiento de su esposo, Maximiliano de Habsburgo, en 1867, Carlota se hundió en una oscuridad mental que la acompañaría durante décadas.
Carlota vivió una existencia inusualmente larga, pero la mayor parte de sus años transcurrieron en un cautiverio enfrentándose a los fantasmas de un pasado que nunca pudo soltar. Sus delirios, que a menudo la transportaban de vuelta a los pasillos del Castillo de Chapultepec, la mantuvieron prisionera de su propia memoria hasta el final.
La emperatriz murió a los 86 años de edad en el castillo de Bouchout, Bélgica, el 19 de enero de 1927.




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