La noche en que la reina Letizia usó por primera ocasión la famosa tiara Flor de Lis

El 22 de febrero de 2017 quedó grabado en las crónicas de la monarquía española como el momento en que la Reina Letizia reclamó, con un brillo definitivo, su lugar en el protocolo más solemne de la Corona. Casi tres años después de asumir su papel como reina consorte, doña Letizia eligió una cena de gala en honor al presidente argentino, Mauricio Macri, y su esposa, Juliana Awada, para lucir por primera vez la pieza más sagrada del joyero real: la Tiara de la Flor de Lis. Este evento, celebrado en el imponente Salón del Trono del Palacio Real de Madrid ante 120 invitados, no fue solo una recepción diplomática; fue un punto de inflexión institucional y una de las citas más majestuosas desde el inicio del reinado de Felipe VI.

Conocida históricamente como "La Buena", la Tiara de la Flor de Lis es la pieza más importante del patrimonio de los Borbones. Su historia se remonta a la primera década del siglo XX, cuando el rey Alfonso XIII se la entregó como regalo de bodas a su esposa, la reina Victoria Eugenia de Battenberg, en mayo de 1906. El diseño de la pieza es un tributo directo a la identidad de la casa reinante, destacando sus tres flores de lis que representan el emblema heráldico del escudo de armas de los Borbón. Esta obra maestra está realizada con 450 diamantes engastados sobre una estructura de platino y, a diferencia de otras joyas de la familia, es de uso exclusivo para las reinas de España. Este carácter único otorgó al debut de doña Letizia un profundo peso simbólico de continuidad y soberanía. A pesar de haber experimentado pequeñas modificaciones técnicas a lo largo de las décadas para adaptarse a sus portadoras, la esencia y el diseño original de la diadema han permanecido intactos durante más de un siglo.


Para estar a la altura de una pieza de tal calibre, la Reina Letizia confió en uno de sus diseñadores de cabecera, Felipe Varela, luciendo un vestido largo de terciopelo negro entallado, de manga larga y con una ligera cola que aportaba la sobriedad necesaria para que las joyas fueran las protagonistas absolutas. Además de la imponente tiara, el conjunto se completó con otras piezas históricas de las denominadas "joyas de pasar", como las impresionantes pulseras gemelas de diamantes creadas por Cartier. Como toque final de protocolo y cortesía hacia la delegación argentina, la Reina portó también la banda de la Orden del Libertador San Martín, un detalle que cerraba un estilismo histórico. La elección de esta tiara para la ocasión marcó la transición definitiva de doña Letizia hacia una imagen de reina plenamente consolidada; al lucir "La Buena", no solo cumplió con las exigencias del protocolo institucional, sino que abrazó la tradición más profunda de la monarquía española, fundiendo el legado centenario de la joya con la impronta y modernidad de su propio reinado.




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